Columna sobre Ludmila Pagliero en la Revista Viva

Marzo de 1993. Para las de tercero, las chicas de primer año nos parecían iguales entre sí, indistintas; las mirábamos con la misma superioridad con la que nos habían mirado a nosotras las más grandes, cuando estábamos enese lugar. Las nuevas, en general, eran todas la misma hasta que alguna destacaba. En ese grupo de primer año de la carrera de danza del Teatro Colón estaba Ludmila Pagliero. Me llamaba la atención su nombre que sonaba a Pagliaro y a Pagliacci, y también los ojos muy claros y demasiado grandes para ese cuerpo. ¿Qué pensaría ella de mí? Probablemente para las de primero, las de tercero representábamos una misma amenaza uniforme.
Noviembre de 2016. Vuelvo a cruzarme con Ludmila, de nuevo en el Teatro Colón. Ella está sobre el escenario, protagonizando La Bayadera junto a Herman Cornejo (¡mi compañero de curso!), primer bailarín del American Ballet Theatre, y yo acomodada en mi butaca de espectadora con suerte: ver a esos dos juntos es un privilegio.
Entre aquella nena de primer año y esta primera bailarina ocurrió una aventura vertiginosa, su vida en el ballet: desilusiones, trabas, cambios de rumbo, logros, premios. Ni en mi más afiebrada ficción sobre el mundo de la danza podría haber escrito un destino como el suyo, con el final (que es, en realidad, un comienzo) de su nombramiento como étoile de la Ópera de París –consecuencia del hecho heroico que quedará en la historia: reemplazó a una bailarina principal preparando el rol en pocas horas–, con el Benois de la Danse, con el reconocimiento global conseguido a fuerza de talento. Qué lejos estábamos las de tercero de advertir en 1993 que de entre esas nenas que eran todas la misma, la de los ojos fuera de escala sería también una fuera de serie.

09/07/2017

 

Diario La Nación – Suplemento Sábado

Por Juan Manuel Strassburger

Leer a Flor Werchowsky es leer historias en las que las frases fluyen con naturalidad coloquial. Un registro por momentos oral y cercano a la experiencia personal, pero que no se priva de artificios para lograr el mejor relato posible. “Es un proceso de escritura disfrutado y sufrido en partes iguales”, reconoce Flor, que en 2013 fue fenómeno de lectura (y ventas) con El telo de papá, una novela iniciática donde contaba lo que era ser adolescente en los noventa con un padre dueño del hotel alojamiento más popular del pueblo; y ahora busca repetir con Las bailarinas no hablan (Random House), un relato con recursos a lo Manuel Puig en el que ahonda -con conocimiento de causa- en ese infierno/paraíso que fue formarse en la escuela de ballet del Colón. “A la distancia veo al ballet como un sistema violento que rige las vidas de las niñas y los niños, pero que también proporciona un rigor que ayuda”, valora quien antes de convertirse en escritora vivió más de una crisis existencial.

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Diario La Razón

Por Paula Conde

Cuenta que por un problema de cadera empezó a caminar tarde, como a los dos años, y que todo lo que no caminó en ese tiempo, toda esa energía que no gastó con sus piernitas, se convirtió en la fuerza que la impulsaría a ser bailarina: “Lo bailaba todo”, simplifica así su inclinación hacia la danza. Cuando era chica, Florencia Werchowsky simplemente se trasladaba bailando.

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Bailarinas de gira

Lectores que envían su foto de Las bailarinas no hablan en Buenos Aires, New York, la Patagonia de uno y otro lado de la cordillera, Entre Ríos, Madrid, Uruguay, México, España y más y más.

Con el culo al viento (Blog Boca de Sapo)

Las bailarinas no hablan, de Florencia Werchowsky. Buenos Aires, Reservoir Books, 2017, 256 págs.

Por Felipe Banegas Lynch

Me dispongo a reseñar Las bailarinas no hablan, pero voy a comenzar hablando de Runa, de Fogwill. Si bien el texto de Fogwill es una reedición póstuma del 2011 a cargo de Interzona y el de Werchowsky es un estreno de 2017 de Reservoir Books, ambos libros llegaron a mis manos al mismo tiempo y su lectura fue simultánea. No fue casualidad, pues se iluminaron mutuamente y ese ida y vuelta marcó mi línea de lectura entre el hipercodificado mundo del ballet y la críptica runa de Fogwill.

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De “Telo de papá” al ballet del Colón (Diario Río Negro)

La niña del Cu-Cú de Allen vuelve a hechizar con otra autobiografía ficcionada: “Las bailarinas no hablan”

Por José Luis Denino

Florencia Werchowsky vivió su infancia en la región en tiempos del menemismo y bajo una historia singular. Es la hija del ex dueño del “telo” Cu-Cú de Allen. Allí vivió, fue a la escuela y practicó danzas. Hasta que a los 11 años, con su madre, se fueron a vivir a Capital Federal para probar suerte en el Colón. Quedó seleccionada y se convirtió en bailarina clásica.

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Revista Chocha

Esta semana nos adentramos en el exigente mundo de las bailarinas con el segundo libro de Florencia Werchowsky

Por Julieta Briola

Luego de hacer una entrada triunfal al mundo de la ficción con El telo de papá (Reservoir books, 2013), la escritora neuquina Florencia Werchowsky nos ofrece una nueva historia, también con tintes autobiográficos, inspirada en su paso por el Teatro Colón. En Las bailarinas no hablan (Reservoir books, 2017) la autora profundiza en el desarraigo, una particular dinámica familiar, la competencia feroz, la militancia dentro de un ámbito artístico y la mirada de una joven que tuvo que crecer de golpe.

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Relatos de un cisne crítico (Revista Palta)

Por Maru Labat

Cuando soñaba ser una bailarina no tenía idea de lo que eso suponía. En mis clases de ballet disfrutaba de llevar el uniforme de una profesional en proporciones adecuadas para una niña de 4, y contaba con todo el apoyo e incentivo de mi familia. Me gustaba escucharlxs cuando decían que yo tenía gracia, que la música me encendía y que se me veían venir las piernas largas. Desistí ese sueño cuando entendí que mi fantasía de ser aplaudida por una audiencia masiva no era tan fuerte como mi terror a la competencia o mi poca tolerancia al sacrificio.

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“Fue desafiante escribir sobre bailar” (Revista Babilonia)

La escritora acaba de editar “Las bailarinas no hablan”, una novela que indaga sobre los sueños de una niña que se transforma en figura del Colón. Las exigencias, la competencia y la puja entre el éxito y el fracaso dan vida a un gran relato.

Por Fernanda Pérez

“Las bailarinas no hablan” Florencia Werchowsky narra la historia de una niña que llega desde el interior para estudiar danza en el Colón. Los sueños poco a poco se van enfrentando a una verdad cargada de presiones y competencias. Con una mirada auténtica y lúcida, la autora nos lleva a recorrer los pasillos de uno de los teatros más importantes del país y nos zambulle en ese exigente universo.

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El cuerpo habla (Suplemento Las/12)

Las bailarinas no hablan es una suerte de autoficción donde la protagonista transita los pesares físicos, emocionales y políticos de una carrera en la danza.

Por Ivana Romero

De sus cuerpos se esperaban formas rectas y ángulos. Así que esas nenas luchaban contra cualquier atisbo de redondez que anunciara la pubertad. Incluso menstruaban tardísimo. Y cuando eso ocurría, tenían que contárselo a sus docentes: era la única forma de conseguir un permiso especial para taparse la cola una vez al mes con un pantaloncito elastizado sobre la malla de baile. Es que las bailarinas clásicas cargan desde pequeñas con el mandato de no parecer de este mundo, de simular ser hadas etéreas envueltas en tul de ilusión. “El ballet es una disciplina exterior, del cuerpo en función de una línea, sin miramientos”, escribe Florencia Werchowsky en su segundo libro. 

Revista Sophia

FLORENCIA WERCHOWSKY: “Mi aporte biográfico a la ficción es para los detalles, la poesía y el humor”

Repleta de personajes adorables, su novela Las bailarinas no hablan, que alcanzó la segunda edición a poco más de un mes de publicarse, devela con ternura y ni un ápice de ingenuidad los avatares de una chica de provincia que quiere dedicarse profesionalmente a la danza clásica. Al igual que la protagonista, la autora fue, hasta los 17 años, bailarina del Colón.

Por Carolina Cattáneo

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“La vida de las bailarinas no es lineal; es sinuosa, colorida y brutal” (diario La Nación)

Las bailarinas no hablan, Florencia Werchowsky. Reservoir Books

Con su anterior novela, El telo de papá, le pasó lo mismo: a partir de experiencias propias, Florencia Werchowsky, esta muchacha de un pueblo de la Patagonia que necesitaba ser aceptada en Buenos Aires, construyó relatos orales para narrar sus peripecias a sus nuevas amistades. Los relatos crecieron de tal forma que surgió la idea de plasmarlos en libros. Ahora, acaba de publicar Las bailarinas no hablan (Reservoir Books), una autoficción en la que cuenta el camino de una nena de once años para ingresar en la escuela de ballet del Teatro Colón.

Por Verónica Dema para La Nación

Soñadora chica

Yo era una chica del interior aterrada pero con ambiciones. Cuando vine a Capital a estudiar periodismo -en mi segunda fundación de Buenos Aires, porque la primera había sido varios años antes, para estudiar danza en el Colón-, me vi obligada a desplegar una artillería de encantos que me ayudase a encajar en los nuevos círculos donde me movía. Quería seducir a los porteños, destacarme en la ciudad. Entonces contaba historias, reconstruía mi biografía con detalles grandilocuentes: hablaba del telo de mi papá y de mi paso por el Colón. Contaba algunas verdades y varias mentiras con la impunidad del origen remoto y plebeyo, con la desfachatez de los veinte años. Funcionaba: en poco tiempo logré un público más o menos estable en reuniones sociales. Estudiaba periodismo motivada por el deseo de escribir y aprender a contar esas historias, me parecía que eran parte de un ejercicio de formación. La novela Las bailarinas no hablan, y también El telo de papá se gestaron así: oralmente y como un mecanismo de supervivencia social.

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En el diario Tiempo Argentino

–¿Cómo va a ser tu vida a partir de ahora?

–Muy diferente. Voy a tener más responsabilidades.

Florencia, de once años, contesta a la pregunta del periodista con seguridad. Ahora es bailarina del Teatro Colón. La niña dice que la enseñanza del ballet es muy severa, que tendrá clases de danza por la mañana, que luego irá al colegio “como una chica normal” y a la salida de la escuela seguirá bailando en un instituto privado. Estará, en definitiva, todo el día ocupada como una adulta. Pero parece que eso no importa mucho, porque aunque desde Buenos Aires vaya a extrañar a su familia y a sus amigos que se quedaron en la Patagonia, Florencia hace todo por amor a la danza.

Las bailarinas no hablan es la segunda novela de Florencia Werchowsky. Pero más allá del carácter ficcional del texto, cuesta separar a la exbailarina real de la mujer que narra la historia. Una historia que muestra al ballet “como una máquina de prohibir: el desarrollo del cuerpo, el deseo, los sentimientos, cualquier sensación ajena a la perfección”, según la sinopsis del libro. “Lo real –cuenta Florencia a Tiempo– es el marco en el que transcurre la historia. Los elementos biográficos que la conforman: la bailarina, el Colón, su origen, el pueblo, cierta estructura familiar”.  Sigue leyendo

El Teatro Colón desde el borde / Por Martín Kohan

Lectura del genial Martín Kohan para la presentación de Las bailarinas no hablan, el 21 de febrero en el Centro de Experimentación del Teatro Colón. Grandes libros publicó el texto acá.

Las historias de esta clase parecen dividirse, en principio, entre aquellas que terminan bien y aquellas que terminan mal, aquellas en las que los sueños de triunfo se realizan (bailar en el Colón, ser toda una estrella en la danza) y aquellas en las que esos mismos sueños se frustran (no llegar a bailar en el Colón, o llegar pero no para ser una estrella).

Pero Florencia Werchowsky propone una perspectiva distinta y compone una narración distinta: las de “la bailarina que no triunfa del todo ni fracasa del todo”. Y revela así que existe una distinción más sustancial entre las historias posibles. Están, por un lado, las narraciones rotundas y aleccionadoras (porque si el éxito enseña algunas cosas, como por ejemplo: a nunca bajar los brazos, el fracaso enseña otras, como por ejemplo: a valorar las pequeñas cosas de la vida). Y están, por el otro, las narraciones de la vacilación y de lo equívoco, las que no traen moralejas finales ni destinos ampulosos a la espera de sus predestinados.

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La confrontación entre el individuo y el arte / Por Ariel Schettini

El querido Ariel Schettini leyó este fabuloso texto en la presentación de Las bailarinas no hablan, el 21 de febrero de 2017 en el Centro de Experimentación del Teatro Colón, que luego se publicó en el blog de Eterna Cadencia.

Por Ariel Schettini.

Como en El telo de papá, el libro donde conocimos a Florencia Werchowsky como narradora, Las bailarinas no hablan, tiene ese encanto de las novelas clásicas. Esas que nos muestran el devenir de un personaje y gracias a ese devenir, un sistema, un modo de vida, un mundo.

Este universo está teñido del modo “personal” que tienen los personajes de comprender sus leyes y sus posibilidades e imposibilidades. En el este caso de Las bailarinas no hablan es el humor y el arte.

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“Las bailarinas no hablan”, el segundo libro de Florencia Werchowsky

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Por Milena Heinrich para Télam

Werchowsky construye la historia de vida de una bailarina clásica desde su ingreso al Colón, siendo apenas una niña, hasta que se integra al ballet más prestigioso de la Argentina.

En su segundo libro, “Las bailarinas no hablan”, Florencia Werchowsky se pone en el cuerpo de una bailarina clásica del Teatro Colón para dar pulso a una trama cargada de experiencias sobre la pesada maquinaria de exigencia que sostiene una vida de sacrificio y sufrimiento, pero que, al mismo tiempo, es capaz de convertir a una danza tan solemne como formal en un acto casi mágico y de aparente libertad. Sigue leyendo

La bailarina que no tiene la palabra cercenada

Por Constanza Bertolini / Diario La Nación

La imagen de “El charco de los cisnes” es la más perfecta síntesis para referirse a Las bailarinas no hablan (Reservoir Books), la nueva novela que Florencia Werchowsky escribió apelando a una parte jugosa de su biografía: sus años de formación en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.

¡Ese charco sí que habla! Porque puede ser que, de algún modo, las bailarinas tengan la palabra cercenada, pero en su imagen agridulce esas aguas, esos cisnes, dicen mucho aquí. La ficción lo ubica en el subsuelo del gran coliseo argentino y hasta él aspiran a llegar los estudiantes de la escuela de danza para codearse con los bailarines de verdad y tirar en él la colilla de un cigarrillo fumado a las apuradas, en medio de una discusión gremial. Como “el charco”, otros elementos, escenas, personajes de esta trama tejida con punto encantador habilitan al lector a jugar un “verdadero o falso” sobre la vida (personal e institucional) de una bailarina del Teatro, desde que llega a la gran ciudad de la mano de su mamá hasta cumplir el sueño… de ambas.

La nota online está acá.

Bailando por un sueño: más allá de El Cisne Negro

En Las bailarinas no hablan (Reservoir Books), Florencia Werchowsky narra las peripecias del mundo “real del ballet, más allá de las obviedades de los pies lastimados y las dietas imposibles”.

Medio: Clarín / Entremujeres
Por Sabrina Díaz Virzi

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Hay una palabra que se repite en varios momentos de Las bailarinas no hablan (Reservoir Books), la segunda y última novela de Florencia Werchowsky: sumisión. Una bailarina clásica que obedece a la madre, acata las órdenes de los maestros y se somete a las opiniones y decisiones de los coreógrafos. En una autobiografía ficcionada, narra peripecias en un ámbito desconocido para la mayoría de los mortales que, con lucidez, trasciende las obviedades de los pies lastimados, las exigencias desmedidas y las dietas imposibles que ya vimos en El Cisne Negro.

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Demoliendo telos

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Revista Viva, domingo 7 de febrero de 2016.

 

Pedigrí

Siempre sospeché que en el mundo habría otras hijas de dueño de telo de pueblo errando entre el estigma y la anécdota, más o menos contadoras de historias, sobrevivientes a la biografía extraña, parecidas a mí aunque diferentes. Sin embargo, desde la aparición de El telo de papá, la novela que me publicó Random House en el 2013, no me había cruzado con ninguna. Alguna vez un lector con telo familiar en el conurbano me contactó a través de la red social y nos reímos online de nuestras desgracias graciosas, pero no mucho más que eso. Para él, el impacto del negocio familiar de rubro polémico había sido más positivo durante su niñez y su adolescencia de lo que fue para mí. Le había dado, me contó, “otro pedigrí”. No me extrañó que a un varón le hubiese tocado vivirlo con ventajas y beneficios, al fin y al cabo formamos una sociedad machista.

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Just do it para Tierra Adentro

Tierra Adentro

El relato que sigue fue publicado en la revista mexicana Tierra Adentro, en la edición fileteada para la FIL de Guadalajara 2014.

Just do it

Los compañeros de trabajo de Silvio Luján Viviani están demasiado ocupados encendiendo un porrito infinitesimal que al prenderse se consume más rápido por la erosión del viento en la brasa que por las caladas urgentes de cada boca. Se enciman unos a otros formando una carpa humana que proteja a este espécimen en peligro de extinción, valiéndose de camperas y delantales, de brazos y cabeceos, y se olvidan de burlarse de Silvio, como cada día al final de la jornada de trabajo. Silvio los mira, se siente ligeramente desilusionado por no tener el protagonismo de la burla (de manera consensuada, una forma de inclusión) pero no se entristece: sabe que para ellos esa es una tuca clave, la de antes de volver a casa, es su premio por la misión cumplida del día.

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Entrevista en la Revista Soho de México

POR JULIA SANTIBÁÑEZ / @DANIOSKA PARA EL BLOG DELI(B)RIOS

Es muy delgada, quizá por su pasado como bailarina aunque también porque, para desayunar, apenas pide jugo y un té. Está en México para promover su libro. Periodista de formación, tiene tatuajes en los brazos pero un aire tímido al conversar. Dice haber visitado algún motel un par de veces, una de ellas para acompañar a un amigo que quería ver una final de futbol y no tenía televisión.

Los hoteles del amor en Buenos Aires

EL TELO DE PAPÁ EN EL DIARIO EL PAÍS DE ESPAÑA

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Por Hernán Ferreirós

Los argentinos se atribuyen la paternidad de ese sólido aporte al ars amandi que son los hoteles del amor. Si bien es cierto que en la actualidad existen en casi todos los países (salvo en buena parte de Europa) bajo diferentes nombres (en Estados Unidos,no-tell motel; en algunas zonas de España, meublés; en México, hoteles de paso), solo en Argentina y en Japón están felizmente integrados en la cultura popular y el paisaje urbano.

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Crónica de un largo viaje al centro del recuerdo

RESEÑA EN TIEMPO ARGENTINO

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Por Malena Winer

Todos solemos recordar momentos importantes de nuestra vida de distinta forma. Lo hacemos a través de un olor, una canción, un lugar o una película. Cada uno es un camino diferente pero todos con el mismo objetivo: ayudarnos a reconstruir el pasado, especialmente cuando de la infancia se trata. Los itinerarios de la memoria pueden trasladarnos a un aula de la escuela primaria, al patio de la casa de una tía, a la cocina de la abuela o a la plaza, del barrio o el pueblo, en uno de esos paseos obligados de los domingos. Pero Florencia Werchowsky eligió otro escenario para evocar sus primeros años de vida: el hotel alojamiento que regenteaba su papá en un pueblo del sur de la Argentina. Así construyó su reciente novela El telo de papá (Reservoir Books Mondadori). Pero, ¿qué es un “telo” para una chica que transita tercer grado? ¿Qué es lo que hacía su papá? “Entendía sin verbalizar. En casa me habían enseñado que, si alguien me preguntaba de qué trabajaba mi papá, yo tenía que decir ‘comerciante’ y con eso alcanzaba.”

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“No tenía a mano una realidad más fabulosa que la historia del telo”

NOTA EN LA SECCIÓN CULTURA DE CLARÍN

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Por Julieta Roffo

“Ñanco se pasó la vida teniendo grandes revelaciones comerciales que se discutían en la mesa durante la cena (…) Cada idea se presentaba como una epifanía. Se las contaba a su familia y a sus amigos como, esta vez sí, el salvoconducto a la riqueza”. Ñanco es el padre de Florencia Werchowsky, periodista, creativa publicitaria y, ahora que lanzó su primera novela, escritora de ficción. Hubo una vez en que la salvación fue abrir un hotel alojamiento. El primero –y entonces, el único– a lo largo de una ruta patagónica fría y semidesierta.
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Alrededor del mundo

Lectores entusiastas que mandan sus fotos de El telo de papá, yendo por ahí con ellos.

Fiesta de la Pera

“Esta no es la mejor Fiesta de la Pera que vi en mi vida, ni la mejor que vieron ustedes en su vida, porque la del año que viene los va a dejar es-tu-pe-fac-tos”, empezó arrastrando las consonantes. “Yo sé que ustedes después van a la Fiesta de la Manzana y se divierten más y ¿saben qué? ¡Está bien! Aunque todos hagamos el esfuerzo, la manzana sigue siendo la manzana pero ¿saben qué? ¡La pera también sigue siendo la pera!”. Separando todavía más las piernas para darse un apoyo firme, se brindó completa a la audiencia: “Una hermosa fruta, deliciosa, que decora la entrada de nuestro pueblo y nos llena de orgullo. La pera no tiene nada que envidiarle a la manzana, puede hacer todo lo que la manzana hace. ¿Quién dijo que no podemos tener una fiesta grande como ellos? ¿Quién dijo que no podemos exportar tanto como ellos? ¿Y quién dijo que no se puede hacer strudel de pera?”.

fiesta de la pera

Sobre Virginia Woolf

virginia

¿Hubiese escrito El telo de papá de haber sido varón? Probablemente no. Estaría militando en la unidad básica del pueblo, atendiendo los asuntos del telo, heredando la actividad, los intereses, la celebridad y el bigote de mi papá. Creo que mi interés por la narración y la óptica desde donde puedo retratar mi pasado y jugar a llevarlo a la ficción es absolutamente femenina: me crié más distante y observadora de ese universo que involucrada en él.

¿Lo hubiese escrito antes, mejor, de haber tenido siempre a disposición un espacio de trabajo, aislado del quehacer doméstico, y el equivalente a las 500 libras con las que Virginia Woolf decía en Un cuarto propio que en 1929 una podía estar tranqui para dedicarse a la literatura?

Opinator del tema, en esta nota de Ñ.

3 opciones para pasarla bien. Teatro, cine y un libro.

RECOMENDACIÓN DE EL TELO DE PAPÁ EN EL SITE DE RONNIE ARIAS :)

Por @NicoTete
Florencia Werchowsky narra su vida y la de su familia quienes están marcados por algo muy particular, Ñancosu padre es el dueño del telo del pueblo de la Patagonia donde viven.  Con historias que mezclan, el sexo, la familia, la infancia, la vida en un pueblo e incluso la política, Florencia nos trae una suerte de autobiografía muy divertida e interesante con personajes queribles e inolvidables como su padre Ñanco, una suerte de Don Draper argentino y Patagónico. Una familia de comerciantes en la Patagonia, peronistas que esperan ansiosos la llegada de Menem al pueblo, una joven promesa del ballet, la iglesia de la zona en contra del hotel alojamiento… Frases inolvidables, risas aseguradas pero también reflexiones. Un libro que esta buenísimo y no puedo dejar de recomendar. Además la tapa es excelente y todos quedamos más lindos leyéndolo en el subte o el colectivo. Después me cuentan.

Ver la nota con las otras dos recomendaciones acá.

Crónicas de motel

ENTREVISTA EN RADAR LIBROS.

RadarCasos> Lugar de paso y de trampas por excelencia, un hotel alojamiento concentra muchas historias signadas por lo que menos se visibiliza de una sociedad. En el caso de El telo de papá, Florencia Werchowsky cuenta su singular historia: ser la hija del dueño de un albergue transitorio de la Patagonia, situado en plena ruta 6. Entre la ficción y la crónica, se puede rearmar aquí un mapa insospechado de los años noventa.

Por Juan Pablo Bertazza / Foto Xavier Martín
Antes que nada, una aclaración: pese al título y la sugestiva foto de solapa de su autora, este libro no se adscribe en el boom de la literatura erótica que se impuso desde la aparición de Cincuenta sombras de Grey. Pero, de todas formas, la sincronía resulta notable: una ópera prima, un debut literario que habla precisamente de la historia de un albergue transitorio, el Cu-Cú, que ostenta el privilegio de ser uno de los primeros de la Patagonia.

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Memorias de alcoba

RESEÑA EN EL SUPLEMENTO LAS 12.

¿Qué implica crecer en un pueblo siendo la hija del dueño del telo? Desdibujando los límites entre la historia familiar y la ficción, Florencia Werchowsky se anima a revisar sus experiencias en El telo de papá, su primera novela.

Por Malena Rey
Todas las vidas son interesantes, detrás de todas las familias hay historias para ventilar, pero de ahí a hacer de eso una novela con peso propio hay un gran paso, como el que dio Florencia Werchowsky en su primer libro, valiéndose de gran cantidad de anécdotas y detalles detrás de su trama familiar. El relato de una chica de provincia, hija de una familia ensamblada, que sueña ser bailarina del Colón y lo consigue hasta que cuelga las puntillas para volver al pueblo y terminar el secundario no nos dice, a priori, demasiado. Pero si esa chica tiene como padre a Ñanco, dueño del albergue transitorio del pueblo, militante y secretario de Obras Públicas, las cosas se ponen más interesantes.

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Libros que no muerden: Maravilla Martínez, Dante Panzeri y la chica de moda, Florencia Werchowsky

RECOMENDADOS EN DIARIO VELOZ

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En la semana previa al inicio de la 39.ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en Diarioveloz.com, te contamos qué libros no podés dejar de comprar.

Por Mariano Casas Di Nardo
Libros que no muerden te ofrece: para los amantes del deporte, la vida de Maravilla Martínez y la antología del gran Dante Panzeri; la novela de la que hablan todos Made In Florencia Werchowsky y la moda de la literatura oriental, exclusiva de Ediciones B.

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Todo por dos pesos

RESEÑA DE EL TELO DE PAPÁ EN LA REVISTA Ñ.

Ñ

Por Gustavo Valle
La memoria de la infancia y adolescencia, la tracción autobiográfica de los ochenta y noventa, el relato del pasado o la organización arbitraria de episodios en forma de narración o novela. Pero también, o al mismo tiempo, el benévolo cuadro de costumbres de un pueblo en la Patagonia, las postales de una sociedad y sus habitantes, esa galería de anécdotas que circundan la cotidianidad de una pequeña familia cuyo padre judío y peronista decide montar un albergue transitorio a un costado de la ruta. El cuadro se completa con las liturgias de la micropolítica de cumpleaños, asado y choripán, la elección de la reina de la pera, las infidelidades de la maestra de la Unidad Básica o las relaciones de autoridad entre mucamas y patrones.

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